África mía

África mía

 

Aletean las palmas por el ruido de tu llegada.

Blancas cebras con hilos de tinta cabalgan el día

Y en sus robustos muslos en su andar escriben poesía.

Los leopardos beben de tus cabellos honduras de infinito brillo,

Y las gacelas corren de sus perseguidores rápidamente

Y estos las ojean como quien busca atrapar la conciencia en ellas.

Siguiendo el recorrido de su vista,

En sus ojos se destella la inmensidad de tu ser

Y en su reflejo el horizonte de tu territorio,

Una serpiente azul que divide tu piel de tu aroma.

 

Tierra de fieras indómitas, atmosfera de idolatra belleza,

La pesadez del astro mayor en tus laderas no lastima.

Los seres más grandes a plena luz

En las llanuras se aventuran recorriendo tu sabana ternura.

Refrescados por el viento de tu pecho,

Soplas con tu boca torrentes de viento,

Que llega y da vida a todo quien vive en ti.

Y sobre estas corrientes de aire, como un mensaje premonitorio,

Van hojas volando y encima de ellas elefantes…

“Así es el peso de quién ama”, pareces decir.

 

Iván Palma.

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